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"La relación con Chile es excepcionalmente positiva"

 

"Río Negro on line", domingo 11 de enero de 2009 - Entrevista a la Dra. Miryam Colacrai

 

Con casi 5.000 kilómetros de frontera y una dilatada historia forjada en diferendos que a punto estuvieron de llevarnos a la guerra, Argentina y Chile atraviesan hoy el mejor momento de sus relaciones en dos siglos como naciones independientes, a juicio de la académica. 


 

-Hay una categoría, categoría en tanto encuadre destinado a sistematizar el contenido de una realidad, que usted usa en sus trabajos para definir el estado que atraviesan las relaciones argentino-chilenas: "Excepcionalidad positiva"?

 

-En realidad, esa categoría es, en parte, prestada: lo de "excepcionalidad" lo tomé de Taccone, que cuando dirigía el INTAL señaló que los vínculos entre ambos países iban adquiriendo, en el marco de la transición a la democracia, un nivel "excepcional". Yo le sumé " positiva".

 

-¿A modo de qué?

 

-Había que definir el alcance de lo "excepcional", otorgarle una precisión porque, de hecho, lo "excepcional" también puede implicar lo "excepcionalmente malo", y no era para el caso. Fue entonces que acoté lo de "positiva".

 

-Pero lo de "excepcionalmente positiva", según se infiere de su trabajo publicado en "Estudios", no es aplicable o no abarca, mirado desde el lado argentino, todo nuestro proceso de transición. ¿Es así?

 

-Es una definición y creo que, más que inferirse, está muy explicitado en mi trabajo. Creo que es una definición que cabe aplicar a los últimos diecisiete años, o sea, desde el momento en que Chile se acopló a la democracia tras la dictadura de Augusto Pinochet. Vale recordar que nuestra transición se inició varios años antes. Sumado Chile al proceso democrático, se retroalimentó la determinación, por ambas partes, de vincularse a través de una agenda amplia de temas; esto, sumado a la voluntad muy clara, muy expresa, por parte de los sucesivos y respectivos gobiernos democráticos de establecer un vínculo sincero, abierto, directo. Todo eso condujo a lo que llamo "excepcionalidad positiva". En realidad, esta apreciación está ligada a algo que desde la teoría de las relaciones internacionales se viene observando desde el fin de la Guerra Fría: sistemas políticos similares desde lo democrático implican cooperación democrática.

 

-¿Qué espacio o qué implica "agenda amplia"? Va de suyo que hace a variedad de temas, pero tengo la impresión de que, tratándose de países con larga historia de relacionarse desde los enojos y las sospechas, esta agenda debe tener alguna particularidad.

 

-No sé si es una particularidad, pero su núcleo, lo que funda su gestión, es de neto carácter político en un sentido amplio y del cual se nutre o sirve para manejar el conjunto de temas que hacen a las relaciones. Ese núcleo se sostiene desde el compromiso de ambos países con la democracia... democracias deficitarias, democracias con falencias institucionales, democracias con inmensas deudas sociales en ambos países; lo que se quiera: pero adhesión y compromiso a favor del respeto a los derechos humanos y al pluralismo ideológico, de luchar a favor de la paz y de la resolución pacífica de los conflictos. Esto es lo que hoy llamo la "nueva cara" del vínculo argentino-chileno.

 

-...lo cual no implica ausencia de diferencias, ¿no?

 

-Por supuesto. Lo que se ha posibilitado, logrado, son espacios y culturas, por así llamarlas, para tratar las diferencias. Cuando uno reflexiona sobre la toma de decisiones que se ha plasmado entre los dos países no sólo en lo que hace a protocolos y compromisos sino en materia de canales destinados a facilitar el intercambio de información y coordinación de objetivos e intereses comunes, encuentra que hay trabajando 28 comisiones y grupos de trabajo binacionales, además del Sistema Permanente de Consultas Políticas de Alto Nivel, de la Comisión Parlamentaria Conjunta, todo un sistema muy ágil y directo de consultas entre ambas cancillerías. A todo esto se suma, además, la relación anual de presidente a presidente, un ejercicio de diplomacia estable y directo. Por supuesto que no hay ausencia de diferencias, pero hay métodos y espacios para tratarlas. El valor de esto se percibe cuando uno reflexiona acerca de dónde veníamos argentinos y chilenos en materia de ser vecinos, de relacionarnos. No se puede hablar de este presente sin clavar la mirada y la reflexión en un pasado signado por sospechas, por prejuicios, por desconfianza; pasado en el que estuvimos incluso al borde de la guerra. Pero, a favor de fundamentar todo el progreso que se ha logrado en manejar con adultez y racionalmente las relaciones, están la celeridad y el rigor con que, desde los respectivos gobiernos, se intervino ante situaciones críticas que sobrevivieron de golpe en estos años de "excepcionalidad positiva".

 

-¿Se refiere al caso de espionaje chileno en el Consulado Argentino de Punta Arenas?

 

-Ése es uno de los casos, sí. Ése es un típico caso de aparición de la "vieja política" con la que se vincularon por décadas los dos países. Fue en noviembre del 2003. Y, no bien se descubrió que gente vinculada con los servicios de inteligencia chilenos realizaba tareas de espionaje en ese consulado, el propio presidente Lagos dio de baja a los mandos militares chilenos con asiento en la región austral, tanto del Ejército como de la Armada. Otro tema ríspido se dio cuando quien en meses más sería canciller de la administración Lagos -Ignacio Walker- publicó una nota en "El Mercurio" bajo el título "Nuestros vecinos argentinos". Allí hacía duras críticas al peronismo, al que identificaba como expresión populista de la política... concretamente, sostenía que Kirchner expresaba ese ideario. Desde el gobierno argentino se reaccionó ante lo que se consideraron apreciaciones muy peyorativas por parte de quien ya estaba marcado para canciller chileno. Pero, inmediatamente, desde los dos gobiernos surgieron paños fríos. Del lado chileno operaron en esa dirección la entonces canciller Soledad Alvear, el entonces titular de Interior Miguel Insulza, hoy secretario general de la OEA, y el, para aquel tiempo flamante embajador chileno en Buenos Aires, Luis Maira. Desde Argentina, los paños los colocaron Rafael Bielsa, que era canciller, y Aníbal Fernández, que estaba en Interior. Y así, desde el sentido común, preservando todo lo que se había logrado para que pudiéramos definir de "excepcionalidad positiva" lo que se ha logrado en materia de relaciones entre los dos países, se fueron zanjando esos temas. Y en ese tren de decisiones también se avanzó, no sin dificultades ni sospechas, en "desgasificar" la relación entre las dos naciones.

 

-Pero cuando Argentina redujo sus exportaciones de gas a Chile, aun admitiendo las razones que tuvo, Chile empalideció primero y se enojó al instante siguiente.

 

-Es que, en los hechos, dejaba de cumplir los compromisos contenidos en el protocolo sobre normas que regulan la interconexión gasífera y el suministro de gas entre las dos naciones. Para Chile, esa reducción se le planteaba incluso como una decisión de "connotaciones estratégicas" que, en los hechos, afectaría su actividad industrial, que depende del gas para producir. Ése fue un momento de singular tensión en el vínculo entre los dos países. Sin embargo, se logró "desgasificar" el conjunto de la relación, es decir, impedir que esa diferencia le quitara oxígeno al resto del vínculo, y se avanzó en lo que hace al gas.

 

-¿Qué es el acuerdo del Beagle en todo esto?

 

-La puntada inicial para llegar a este espacio de la "excepcionalidad positiva" por la que atraviesa el vínculo chileno-argentino.

 

-Hace dos años, de visita en una base naval chilena, me encontré en sus astilleros con una fragata de guerra argentina que estaba siendo reparada ahí.

 

-¿Quién se iba a imaginar hace no muchos años un proceso de esa naturaleza? El ejemplo es interesante, porque habla de algo que en general se desconoce: la integración que incluso se está dando en el campo militar entre los dos países.

 

-Hace algunos años conocí en Santiago al general chileno Ernesto Videla. Un hombre muy culto, sereno, que estuvo directamente vinculado, desde la esfera militar, con el tratamiento del diferendo del Beagle. En aquella oportunidad me señaló que muchas de las diferencias entre argentinos y chilenos se fundaban en la educación que habíamos recibido para percibirnos, educación forjada en la sospecha permanente sobre el otro. Días después, al ser designado miembro de una academia, abordó ese tema. Ahora, en sus memorias, reflexiona en términos muy interesantes sobre esta cuestión. ¿Está de acuerdo con este punto de vista?

 

-Absolutamente. Estoy convencida de que la "excepcionalidad positiva" en la que encuadro la calidad que se ha logrado en el vínculo se debe a que hay un cambio en la cultura, en la mirada del otro. Hay trabajos muy reveladores sobre esta materia. Uno de ellos es el de Silvia Finocchio "Lo evidente y lo latente: la educación en los procesos de integración", en el que se evidencia cuánto tiene que ver la enseñanza de la geografía y la historia en la visión de sí mismo y en la percepción que nos forjamos del otro. En 1998 se publicó, además, en el marco de lo resuelto por el Acta de Cultura para la Integración, un trabajo del historiador argentino Luis Alberto Romero y el sociólogo chileno Manuel Antonio Carretón -"La visión argentino-chilena sobre el país vecino en el sistema escolar. Diagnóstico y perspectiva"-, que también es muy revelador de cómo se ha condicionado y, si se quiere, deformado de éste y de aquel lado de la cordillera la forma de mirarnos, de percibirnos... algo que está cambiando favorablemente.

 

 

LA ELEGIDA

Miryam Colacrai es profesora en la Universidad Nacional de Rosario, donde ha logrado el doctorado en Relaciones Internacionales. Ejerce la cátedra de Teoría de las Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencia Política.

Es, además, investigadora independiente del Conicet y directora del Centro de Estudios en Cooperación Internacional y Desarrollo de la Universidad Nacional de San Martín.

Dedicada con definido rigor al seguimiento de las relaciones entre Argentina y Chile, Colacrai está persuadida de que "aunque el ciudadano argentino y el chileno no lo perciban" como tal, en clave de democracia los sistemas políticos de ambos países han dado "un salto inmenso, quizá el más significativo de dos siglos de relaciones, para convivir serenamente en un mundo que reclama sinceramiento y actitudes comprometidas para con la paz".

 

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

 

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